A propósito del Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo (Artículo de opinión)

Una mirada al horizonte global en términos de avances científicos y tecnológicos nos mostrará la brecha insalvable existente entre países ricos y países pobres

Cada año, desde 2002, se celebra el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, auspiciado por La Organización de Naciones Unidas (ONU) con el propósito de: “renovar el compromiso, tanto a nivel nacional como internacional, en pro de la ciencia para la paz y el desarrollo, y hacer hincapié en el uso responsable de la ciencia en beneficio de las sociedades, en particular, para la erradicación de la pobreza”   Tal declaración a simple vista puede llenarnos de optimismo, pero si hacemos un rápido análisis al sistema-mundo moderno colonial  puede mostrarnos algunas diferencias entre los países del centro y los países de la periferia; por tanto, diferentes capacidades para garantizar la paz y el desarrollo a través de la ciencia y la tecnología.

Una mirada al horizonte global en términos de avances científicos y tecnológicos nos mostrará la brecha insalvable existente entre países ricos y países pobres. Un ejemplo esclarecedor y actual es el número de satélites artificiales que orbitan el espacio exterior, según cifras de 2014, en esa fecha existían 957 satélites artificiales, de los cuales 423 eran operados por Estados Unidos.

De los 6000 lanzamientos de satélites efectuados desde 1957, más del 50% fueron realizados por la Unión Soviética, en segundo lugar, se encuentra Estados Unidos con un 23% de estas iniciativas espaciales y en una menor proporción China, Europa y Japón. En esta lista sólo aparece Brasil como único país de América Latina con un 0,05%.

En este contexto histórico, Venezuela acaba de poner en órbita su tercer satélite desde 2008, es decir, en 09 años hemos lanzado al espacio 03 satélites con la colaboración de China. A pesar de ser uno de los logros más importantes a nivel tecnológicos en la historia de nuestro país, al compararlo con las cifras de los países del centro mundial, observamos una gran desigualdad.

Es necesario que se abra el debate dentro de las Instituciones Supranacionales como la ONU, que promueven iniciativas como el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, incorporando temáticas asociadas a la desigualdad entre los países ricos y los países pobres. La ciencia puede y debe ser un instrumento para garantizar la paz y el bienestar de los pueblos, pero no se puede ocultar que este está ligado directamente al desarrollo económico y este a su vez a la división internacional del trabajo.

La división entre países ricos y países pobres encuentra un paralelismo en la dicotomía: países productores de tecnología y consumidores de tecnología. Iniciativas como la venezolana contribuyen a reducir esa monstruosa brecha, pero es en definitiva el modelo económico imperante y las consecuencias de la modernidad colonial las que determinan el grosero desbalance en la producción de la ciencia, por ende, la paz y el desarrollo están en manos de los países más ricos. 

Juan Pablo Díaz

Sociólogo